sábado, 7 de enero de 2017

{Dejar que el río fluya, escuchar la voz del río}


A veces mantener la convicción de lucha se convierte en una pesadilla, el intento desesperado por no decaer en las sombras otra vez. El año pasado me encontré con un inesperado giro que me dio el vuelco emocional más grande que he vivido, sufrí en silencio pero también grité, tuve colapsos nerviosos, crisis de pánico, desmayos, mil pensamientos de suicidio que logré mantener a raya incluso en los momentos más dolorosos... vi a mi mamá tocar fondo y luego volver a un punto estable (lo que en ella significa un posible desequilibrio constante, pero aun así mejor que lo vivido antes) gracias a una intensa terapia de hospitalización diurna. Aquello, rescatando lo bueno, me ayudó a poder darme por fin el tiempo de tratar mi propia enfermedad, de aceptar y asimilar mis propias falencias, miedos, oportunidades perdidas, deseos... me hizo ver el lado de mí que más odio, enfrentar mis demonios directamente, aceptar mi nuevo fracaso como ser humano.

(s): Gemma Correll

Sin embargo, el por fin verme reflejada y expuesta me dio la oportunidad de alcanzar un punto de partida para mi sanación, me brindó herramientas para atacar mis miedos y me hizo comprender que a pesar de las desgracias -por duras que estas sean- la vida continúa y es un tremendo desperdicio dejarse llevar por las circunstancias y dejarla pasar. Yo he estado desperdiciando más de doce años de mi vida, es penoso reconocerlo, pero es cierto. Siempre me puse a mí misma en una zona donde pensé que nadie podría herirme, pero la única que se hirió más de lo que podía soportar fui yo. Pasé de tener una familia –aunque disfuncional- y pocos amigos, a tener nada más que a mí misma… enferma y más aterrada de lo que he estado nunca. Me dije por fin: ‘’Por dejar que el miedo te paralice estás así, ¡debes pelear contra tus demonios, no esconderte!''. Llegué a una etapa donde tengo claro cuáles son mis metas a seguir y qué necesito hacer para lograrlas. Me queda la batalla más dura de todas: salir de mi zona de confort, al mundo, y poner en práctica todo lo aprendido en mi terapia. Ha llegado el momento de ser la protagonista de mi propia historia.
No será fácil, pero confío en que no será imposible.


¡Por favor 2017, sé gentil y déjame tener mi merecida redención! X 



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